Se me ha derramado la mañana sobre la mesa y ya es tarde, me dices, ya es tarde para reunir tanta despedida. Las luces se hunden en el pecho dormido de la noche, las luces me van abandonando. Escucho a los barcos despertar donde anoche apurábamos los últimos licores. Y ya es tarde, me dices, ya es tarde para atarme a los mástiles, o los quicios de la puerta.  Nos han seguido hasta hoy las ganas de vivir deprisa contra las sobras, vivir contra las ganas que nos han seguido desde siempre.  Nos han anunciado la hora que ya llega. Es la hora y la ventana se cierra para no mirar hacia donde ya nada existe. He pensado que al irnos la casa se volvería de papel, ligera y blanca  como un pedazo de papel. Se arrastraría hasta nosotros, para metérsenos entre las cosas que nunca han sido nuestras. Y se plegaría como una nota que se pierde entre los libros o los bolsillos de una vieja chaqueta y sólo a veces se lee, cuando ya poco importa.