24 Agosto, 2007 23:05
Cotidiano 1: el farmacéutico licenciado en pitos y flautas
Escrito por hoyestoysoleada, Categorías [ caparazonadas ][ (0) Comentario ] | [ (0) Retroenlaces ]

Al final de nuestros días en el Puerto de Santa María, descubrimos como un Edipo desesperado que la fauna de insectos de este pantanoso lugar es inabarcable. Si no fuera por el testimonio de lujo de Adrián, en su encuentro con el oráculo farmacéutico, que nos ha vaticinado todos los posibles orígenes de las picaduras, que desde el mes de mayo nos asedian irremediablemente, haciéndonos ya mella y escollos en la misma moral (pues el picor nocturno es un motivo más para alimentar mi insomnio fácilmente omnívoro), estaríamos perdidos. Como un Nanni Moretti aturdido y melancólico, he ido recorriendo consultas de médicos especialistas en pos de averiguar por qué mi cuerpecito tenía 15 picaduras, pues, cuando unas se iban, venían otras que se quedaban durante una semana y media. Tras limpiezas y pomadas varias, he optado por comprar un repelente para usar en el cuerpo… y en esto comienza la anécdota que Adrián ahora os relatará:
Cuando llegué a la farmacia estaban hablando dos personas serias (farmacéuticos) detrás del mostrador. Uno alto, delgado, tenía el pelo negro y vestía bata blanca, el otro iba de civil, con gafas, pelirrojo de poco pelo y camisa a cuadros. Como no se callaban, después de unos segundos de cortesía, tuve que decir en voz alta, hola, buenas tardes y sentí cómo mis palabras cortaban su diálogo como un cuchillo corta el pan. Les empecé a hablar y se quedaron en silencio, mirándome. Quería, dije, un repelente de insectos que repeliese mosquitos, pulgas, chiches y demás bichos, todo lo repelible porque estábamos cansados de unas picaduras que y seguí hablando. El de la bata se echó a un lado, hacia la izquierda y le cedió el mostrador al de la camisa de cuadros, que me llevó a la otra esquina y cuando me callé empezó a aconsejarme. La verdad es que no recuerdo en qué parte de su conversación fue y vino (si es que llegó a ir y a venir por el bote de repelente, porque pudo habérmelo sacado de la nariz, como los magos, o de detrás de la oreja o de cualquiera de sus mangas, aunque las llevaba cortas. según pensé después, cuando volvía a mi casa porque me tenía hipnotizado con su charla. Decía: Hay muchos insecticidas y añadía, tras una pausa, pero no todos son buenos. Y la cosa ha mejorado mucho porque, antes, los insecticidas repelían a los mosquitos y, además, a la persona que tuvieras al lado. Y ahora los insecticidas repelen sólo los insectos (aunque hay alguno todavía…y citaba una marca). En El Puerto hay muchos bichos, mira tú los mosquitos. Esos mosquitos, los grandes, los mosquitos tigres que hemos importado, los que tienen unas rayas en el lomo (yo pensaba, no sé por qué, en los langostinos tigre que había visto en los mostradores de las marisquerías de la zona) , esos que se te posan en el hombro y te lo echan “pabajo” (y lo interpretaba detrás del mostrador, con su camisa a cuadros, poniéndose la mano sobre el hombro y flexionando las rodillas, de una manera muy digna, muy profesional) para esos mosquitos este bote sirve muy bien y me lo enseñaba. Pero aquí en El Puerto tenemos una cosa muy particular. Las arañitas. Las arañitas andan y saltan y se meten en todos lados. Se las conoce por las picaduras: una, dos, tres sueltas, o alguna grande, o muchas seguidas así como una ametralladora (y seguía interpretando detrás del mostrador, acompañando la escenificación con efectos sonoros). Esas son las que más pican. Ni enchufes ni nada. No sirven. ¿Sabes las ventanas de aluminio, las modernas? Entran por el agujerito que tienen. Uno me dijo (ahora cambiaba la voz) pero si yo en verano me tapo con la sábana de franela hasta la barbilla cómo coño pueden picarme en el dedo gordo del pie. Y es que, claro, se meten debajo de las sábanas. Este insecticida, sí. Es muy bueno, funciona muy bien. Repele a las arañitas pero no a la gente, aunque la pena es que no repele a las suegras, para eso no hay nada. Y así me endosó el repelente cuyo nombre no deja de ser más absurda que esta historia: cusitrin. Que sea lo Dios quiera.
COLABORADOR DE LUJO: ADRIÁN GONZÁLEZ DA COSTA




