Conservación de los recuerdos 

Los famas para conservar sus recuerdos proceden a embalsamarlos en la siguiente forma: luego de fijado el recuerdo con pelos y señales, lo envuelven de pies a cabeza en una sábana negra y lo colocan parado contra la pared de la sala, con un cartelito que dice: "Excursión a Quilmes", o: "Frank Sinatra".

Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan por el medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: "No vayas a lastimarte", y también: "Cuidado con los escalones". Es por eso que las casas de los famas son ordenadas y silenciosas, mientras que en las de los cronopios hay gran bulla y puertas que golpean. Los vecinos se quejan siempres de los cronopios, y los famas mueven la cabeza comprensivamente y van a ver si las etiquetas están todas en su sitio.

Julio Córtazar, Historias de cronopios y famas.

 Fotografia de Lee Friendlander

—No vive ya nadie en la casa —me dices— 

—No vive ya nadie en la casa —me dices—; todos se han ido. La sala, el dormitorio, el patio, yacen despoblados. Nadie ya queda, pues que todos han partido.

Y yo te digo: Cuando alguien se va, alguien queda. El punto por donde pasó un hombre, ya no está solo. Únicamente está solo, de soledad humana, el lugar por donde ningún hombre ha pasado. Las casas nuevas están más muertas que las viejas, por que sus muros son de piedra o de acero, pero no de hombres. Una casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, sino cuando empiezan a habitarla. Una casa vive únicamente de hombres, como una tumba. De aquí esa irresistible semejanza que hay entre una casa y una tumba. Sólo que la casa se nutre de la vida del hombre, mientras que la tumba se nutre de la muerte del hombre. Por eso la primera está de pie, mientras que la segunda está tendida.

Todos han partido de la casa, en realidad, pero todos se han quedado en verdad. Y no es el recuerdo de ellos lo que queda, sino ellos mismos. Y no es tampoco que ellos queden en la casa, sino que continúan por la casa. Las funciones y los actos se van de la casa en tren o en avión o a caballo, a pie o arrastrándose. Lo que continúa en la casa es el órgano, el agente en gerundio y en circulo. Los pasos se han ido, los besos, los perdones, los crímenes. Lo que continúa en la casa es el pie, los labios, los ojos, el corazón. Las negaciones y las afirmaciones, el bien y el mal, se han dispersado. Lo que continua en la casa, es el sujeto del acto.

César Vallejo, Poemas póstumos I

 

 Peter Handke - Lied Vom Kindsein (Canción de la niñez)

Als das Kind Kind war,
ging es mit hängenden Armen,
wollte der Bach sei ein Fluß,
der Fluß sei ein Strom,
und diese Pfütze das Meer.

Als das Kind Kind war,
wußte es nicht, daß es Kind war,
alles war ihm beseelt,
und alle Seelen waren eins.

Als das Kind Kind war,
hatte es von nichts eine Meinung,
hatte keine Gewohnheit,
saß oft im Schneidersitz,
lief aus dem Stand,
hatte einen Wirbel im Haar
und machte kein Gesicht beim fotografieren.

Als das Kind Kind war,
war es die Zeit der folgenden Fragen:
Warum bin ich ich und warum nicht du?
Warum bin ich hier und warum nicht dort?
Wann begann die Zeit und wo endet der Raum?
Ist das Leben unter der Sonne nicht bloß ein Traum?
Ist was ich sehe und höre und rieche
nicht bloß der Schein einer Welt vor der Welt?
Gibt es tatsächlich das Böse und Leute,
die wirklich die Bösen sind?
Wie kann es sein, daß ich, der ich bin,
bevor ich wurde, nicht war,
und daß einmal ich, der ich bin,
nicht mehr der ich bin, sein werde?

Als das Kind Kind war,
würgte es am Spinat, an den Erbsen, am Milchreis,
und am gedünsteten Blumenkohl.
und ißt jetzt das alles und nicht nur zur Not.

Als das Kind Kind war,
erwachte es einmal in einem fremden Bett
und jetzt immer wieder,
erschienen ihm viele Menschen schön
und jetzt nur noch im Glücksfall,
stellte es sich klar ein Paradies vor
und kann es jetzt höchstens ahnen,
konnte es sich Nichts nicht denken
und schaudert heute davor.

Als das Kind Kind war,
spielte es mit Begeisterung
und jetzt, so ganz bei der Sache wie damals, nur noch,
wenn diese Sache seine Arbeit ist.

Als das Kind Kind war,
genügten ihm als Nahrung Apfel, Brot,
und so ist es immer noch.

Als das Kind Kind war,
fielen ihm die Beeren wie nur Beeren in die Hand
und jetzt immer noch,
machten ihm die frischen Walnüsse eine rauhe Zunge
und jetzt immer noch,
hatte es auf jedem Berg
die Sehnsucht nach dem immer höheren Berg,
und in jeden Stadt
die Sehnsucht nach der noch größeren Stadt,
und das ist immer noch so,
griff im Wipfel eines Baums nach dem Kirschen in einemHochgefühl
wie auch heute noch,
eine Scheu vor jedem Fremden
und hat sie immer noch,
wartete es auf den ersten Schnee,
und wartet so immer noch.

Als das Kind Kind war,
warf es einen Stock als Lanze gegen den Baum,
und sie zittert da heute noch.

Cuando el niño era niño,
andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente,
y este charco el mar.

Cuando el niño era niño,
no sabía que era niño,
para él todo estaba animado,
y todas las almas eran una.

Cuando el niño era niño,
no tenía opinión sobre nada,
no tenía ningún hábito,
frecuentemente se sentaba en cuclillas,
y echaba a correr de pronto,
tenía un remolino en el pelo
y no ponía caras cuando lo fotografiaban.

Cuando el niño era niño
era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué yo soy yo y no soy vos?
¿Por qué estoy aquí y por qué no allá?
¿Cuándo empezó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿Acaso la vida bajo el sol es tan solo un sueño?
Lo que veo oigo y huelo,
¿no es sólo la apariencia de un mundo frente al mundo?
¿Existe de verdad el mal
y gente que en verdad es mala?
¿Cómo es posible que yo, el que yo soy,
no fuera antes de existir;
y que un día yo, el que yo soy,
ya no seré más éste que soy?

Cuando el niño era niño,
no podía tragar las espinacas, los porotos,
el arroz con leche y el coliflor.
Ahora lo come todo y no por obligación.

Cuando el niño era niño,
despertó una vez en una cama extraña,
y ahora lo hace una y otra vez.
Muchas personas le parecían bellas,
y ahora, con suerte, solo en ocasiones.
Imaginaba claramente un paraíso
y ahora apenas puede intuirlo.
Nada podía pensar de la nada,
y ahora se estremece ante a ella.

Cuando el niño era niño,
jugaba abstraído,
y ahora se concentra en cosas como antes
sólo cuando esas cosas son su trabajo.

Cuando el niño era niño,
como alimento le bastaba una manzana y pan
y hoy sigue siendo así.

Cuando el niño era niño,
las moras le caían en la mano como sólo caen las moras
y aún sigue siendo así.
Las nueces frescas le eran ásperas en la lengua
y aún sigue siendo así.
En cada montaña ansiaba
la montaña más alta
y en cada ciudad ansiaba
una ciudad aún mayor
y aún sigue siendo así.
En la copa de un árbol cortaba las cerezas emocionado
como aún lo sigue estando.
Era tímido ante los extraños
y aún lo sigue siendo.
Esperaba la primera nieve
y aún la sigue esperando.

Cuando el niño era niño,
tiraba una vara como lanza contra un árbol,
y ésta aún sigue ahí, vibrando.

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Continuidad

No nombrar las cosas por sus nombres. Las cosas tienen bordes dentados, vegetación lujuriosa. Pero quién habla en la habitación llena de ojos. Quién dentellea con una boca de papel. Nombres que vienen, sombras con máscaras. Cúrame del vacío --dije. (La luz se amaba en mi oscuridad. Supe que ya no había cuando me encontré diciendo: soy yo.) Cúrame --dije.

Las promesas de la música

Detrás de un muro blanco la variedad del arco iris. La muñeca en su jaula está haciendo el otoño. Es el despertar a las ofrendas. Un jardín recién creado, un llanto detrás de la música. Y que suene siempre, así nadie asistirá al movimiento del nacimiento, a la mímica de las ofrendas, al discurso de aquella que soy anudada a este silenciosa que también soy. Y que de mí no que demás que la alegría de quien pidió entrar y le fue concedido. Es la música, es la muerte, lo que yo quise decir en las noches variadas como los colores del bosque.

Un sueño donde el silencio es de oro

El perro del invierno dentella mi sonrisa. Fue en el puente. Yo estaba desnuda y llevaba un sombrero con flores y arrastraba mi cadáver también desnudo y con un sombrero de hojas secas.

He tenido mucho amores -dije- pero el más hermoso fue mi amor por los espejos.

    De Extracción de la piedra de la locura.

Alejandra Pizarnik fue un personaje público construido por rasgos secretos. Adelantamos un fragmento de la biografía de la poeta argentina escrita por César Aira.

Alejandra Pizarnik empezó llamándose Flora; era hija de inmigrantes judíos rusos. Nació el 29 de abril de 1936 en Avellaneda, una localidad vecina a Buenos Aires. Los padres habían llegado a Argentina exactamente dos años antes, de una ciudad rusa (también fue polaca), Rovne, después de un paso de algunos meses en París, donde se había radicado un hermano del padre. Éste se llamaba Elías Pozharnik; el cambio de apellido debe de haberse debido a uno de los muy corrientes errores de registro de los funcionarios de inmigración. Tenía 27 años, y no hablaba una palabra de castellano, lo que era el caso asimismo de su esposa, un año menor, Rejzla Bromiker, cuyo nombre pasó a ser Rosa. Debió de ser por ella que eligieron Argentina, pues una hermana de Rosa había emigrado tiempo antes al país, y vivía en Avellaneda. A poco de llegar nació la primera hija del matrimonio, Myriam, y 20 meses después la segunda, Flora. No tuvieron más hermanos. El padre se dedicó a la venta a domicilio de artículos de joyería, y no tardó en hacerse una buena posición. Tenían una bonita casa en Avellaneda, donde vivieron hasta 1953 y donde las dos hermanas hicieron la escuela primaria y secundaria. La adaptación fue rápida; aunque los padres hablaban yídish en la casa, las hijas no lo aprendieron; de todos modos, la curiosa forma de hablar de la poeta puede haber tenido su origen en esa situación. Todo el resto de las dos familias, Pozharnik y Bromiker, con excepción del hermano del padre en París, y la hermana de la madre en Avellaneda, pereció en el holocausto, lo que para la niña debió de significar un contacto temprano con los efectos de la muerte. Por lo demás, su origen judío no significó nada especial para ella. Si bien asistió, paralelamente a la escuela pública, a una judía, ésta fue pestalozziana, sin hincapié en la religión: el padre era liberal, y la integración de las hijas al ambiente suburbano de clase media fue completa. (...)

 

 (Más)

 

Al final de nuestros días en el Puerto de Santa María, descubrimos como un Edipo desesperado que la fauna de insectos de este pantanoso lugar es inabarcable. Si no fuera por el testimonio de lujo de Adrián, en su encuentro con el oráculo farmacéutico, que nos ha vaticinado  todos los posibles orígenes de las picaduras, que desde el mes de mayo nos asedian irremediablemente, haciéndonos ya mella y escollos en la misma moral (pues el picor nocturno es un motivo más para alimentar mi insomnio fácilmente omnívoro), estaríamos perdidos. Como un Nanni Moretti aturdido y melancólico, he ido recorriendo consultas de médicos especialistas en pos de averiguar por qué mi cuerpecito tenía 15 picaduras, pues, cuando unas se iban, venían otras que se quedaban durante una semana y media. Tras limpiezas y pomadas varias, he optado por comprar un repelente para usar en el cuerpo… y en esto comienza la anécdota que Adrián ahora os relatará: 

Cuando llegué a la farmacia estaban  hablando  dos  personas serias (farmacéuticos) detrás del mostrador. Uno alto, delgado, tenía el pelo negro y vestía bata blanca, el otro iba de civil,  con gafas, pelirrojo de poco pelo y camisa a cuadros. Como no se callaban, después de unos segundos de cortesía,  tuve que decir en voz alta,  hola, buenas tardes y  sentí cómo mis palabras cortaban su  diálogo como un cuchillo corta  el pan. Les empecé a hablar y se quedaron en silencio, mirándome. Quería, dije, un repelente de insectos que repeliese mosquitos, pulgas, chiches y demás bichos, todo lo repelible  porque estábamos cansados de unas picaduras que y seguí hablando.  El de la bata se echó a un lado, hacia la izquierda y le cedió el mostrador al de la camisa de cuadros,  que me llevó a la otra esquina y cuando me callé empezó a aconsejarme. La verdad es que no recuerdo en qué parte de su conversación  fue y vino  (si es que llegó a ir y a venir  por el bote de repelente,  porque pudo habérmelo sacado de la nariz, como los magos,  o de detrás de la oreja o de cualquiera de sus mangas, aunque las llevaba cortas. según pensé después, cuando volvía a mi casa porque me tenía hipnotizado con su charla. Decía: Hay muchos insecticidas y añadía, tras una pausa, pero no todos son buenos. Y la cosa ha mejorado mucho porque, antes, los insecticidas repelían a los mosquitos y, además, a la persona que tuvieras al lado. Y ahora los insecticidas repelen sólo los insectos (aunque hay alguno todavía…y citaba una marca). En El Puerto hay muchos bichos, mira tú los mosquitos. Esos mosquitos, los grandes, los mosquitos tigres que hemos importado, los que tienen unas rayas en el lomo (yo pensaba, no sé por qué, en los langostinos tigre que había visto en los mostradores de las marisquerías de la zona) , esos que se te posan en el hombro y te lo echan “pabajo” (y lo interpretaba detrás del mostrador, con su camisa a cuadros, poniéndose la mano sobre el hombro y flexionando las rodillas, de una manera muy digna, muy profesional)  para esos mosquitos este bote sirve muy bien y me lo enseñaba. Pero  aquí en El Puerto tenemos una cosa muy particular. Las arañitas. Las arañitas andan y saltan y se meten en todos lados. Se las conoce por las picaduras: una, dos, tres sueltas, o alguna grande, o muchas seguidas así como una ametralladora (y seguía  interpretando detrás del mostrador, acompañando la escenificación con efectos sonoros). Esas son las que más pican. Ni enchufes ni nada. No sirven. ¿Sabes las ventanas de aluminio, las modernas? Entran por el agujerito que tienen. Uno me dijo (ahora cambiaba la voz) pero si yo en verano me tapo con la sábana de franela hasta la barbilla cómo coño pueden picarme en el dedo gordo del pie. Y es que, claro, se meten debajo de las sábanas. Este insecticida, sí. Es muy bueno, funciona muy bien. Repele a las arañitas pero no a la  gente, aunque la pena es que no repele a las suegras,  para eso no hay nada.  Y así me endosó el repelente cuyo nombre no deja de ser más absurda que esta historia: cusitrin.  Que sea lo Dios quiera. 

COLABORADOR DE LUJO: ADRIÁN GONZÁLEZ DA COSTA

Se cierra el círculo y El Puerto de Santa María me ha resultado un lugar poco frecuentado y disfrutado. Seguro que alguna tarde se abrirá una ventana dejando entrar un aire suave y fresco, oliendo a sal y a pino verde - como ya cantara Camarón I, el grande -, y pensaré en una ciudad puntual, de la que apenas quiero guardar recuerdos, una ciudad de paso, que no lo es porque permance en mi fondo, silenciosa y pesada en mi fondo como un buque hundido. A todo esto, yo lo que quería explicar era que quizá una lectura me salve este año polar, experimental, quasi anormal. Aunque quiero que mi vida personal quede al margen, tal vez en algún momento se me escape que he estado haciendo este año en la tierra de Alberti y Javier Ruibal. ¿Qué he estado haciendo? Ah sí, curtirme, endurer la piel, encayecer el alma. Vale. Dios, tormenta de verano. Olé, qué flamenca me estoy poniendo, llueve que es una alegría en el Puerto de Santa María.  (... dispersión...)

Después, de 12 años buscando un libro, que por alguna extraña razón, no quería reposar su vuelo en mis manos... me encuentra él a mí con mis 29 abriles, y el corazón ya recompuesto y aliado con razonamientos especulativos, diciéndome algo así como que ahora que ya me creía mis certezas, basadas en experiencias, caídas y recaídas, vengo a que otra vez te lo vuelvas a cuestionar todo. Yo únicamente quiero dejarme envolver por una prosa tan lacerante y poética, que me habla unos personajes tan vivos que creo reconocerlos en viejos amigos, con los que vuelvo a conversar ahora en mi mente. Me has encontrado tarde, o quizá aún no estábamos preparados para conocernos.

Notas para un paisaje... Largas modulaciones de color. Luz que se filtra a través de la esencia de los limones. Polvo de ladrillo suspendido en el aire fragante, y el olor del pa vimento caliente recién regado. Nubes livianas, al ras del suelo, que sin embargo rara vez traen lluvia. Sobre ese fondo se proyectan rojos y verdes polvorientos, malva pastel y un carmesí profundo y diluido. En verano la humedad del mar da una leve pátina al aire. Todo parece cubierto por un manto de goma.

Y luego, en otoño, el aire seco y vibrante, cargado de áspera electricidad estática, que inflama el cuerpo bajo la ropa liviana. La carne despierta, siente los barrotes de su prisión. De noche una prostituta borracha camina por una calle oscura, sembrando los fragmentos de una canción como si fueran pétalos. ¿Fue allí donde escuchó Antonio los acordes arrobadores de esa música sublime que lo impulsó a entregarse para siempre a la ciudad que amaba?

 

El cuarteto de Alejandría. Durrel Lawrence. Justine (Primer libro)

 

 

Con cantautor de honor, me parece necesario inaugurar el cuaderno. Sobre todo porque fue recientemente cuando asistí a su concierto de cierre en su gira por España “12 segundos de oscuridad”. Me estoy refiriendo al niño de mis oídos, el pan de mis neuronas más sentimentales, queridísimo Jorge Drexler.  La cita fue en Jerez de la Frontera (Cádiz), jueves 17 de agosto, 22.30. El lugar elegido fue el Alcázar, edificio emblemático  de siglo XIII, por el que han pasado tres culturas, aquellas a la que ya cantara el uruguayo en un intento de unirlas cordialmente en pleno siglo XXI.  Jorge estuvo cercano al público en todo momento, que se entregó rendido y con cierta euforia simpática a sus canciones y sus comentarios. Jorge estuvo irónico también en ocasiones, arrancando sonrisas y aplausos. Jorge estuvo posmoderno y también lleno de ternura. Se permitió a capela el REMA, esperado y deseado. Aunque también interpretó canciones deliciosamente extrañas de su nuevo disco, acompañado por un elenco de músicos impecables. Si bien es cierto que yo me quedo con el Drexler enternecido de los primeros discos con canciones memorables como PRINCESA BACANA, TU PIEL y EL MORO JUDÍO, entre otras, no se puede negar que el giro  posmoderno hacia sonidos y temas de esta nueva era tecnológica (con guiños de ironía brutal) es arriesgado, original y meritorio. No deja indiferente. Su música habita en nuestras fibras.

dormem os que se esqueceram da má sombra, saudosos do sol que nao tinham
Pessoa

Regresar de repente a ti es morir en el asombro de conocerte distinta a la que dejé en la otra orilla. Hoy en la luz de la mañana me anuncias tu espera en avanzado proceso de olvido. Regresar a ti con las manos vacías es querer tu presencia por encima de la muerte o cualquier otra cosa necesaria que nos sucede o nos sucederá.
He adquirido una nueva costumbre para ir alejándome de ti sin premura. En esos días, en que el aire de tus calles y mercados o el salitre venido desde lejos se mezclan en las miasmas de mis neumonías, subo a las alturas que de ti me distancian, tus alturas de silencio y luz. Desde allí se difuminan los espacios donde te reconozco habitualmente y me pregunto dónde te has ido tan afuera de mí que sólo te veo dentro de mis ojos.

Podría ser éste el comienzo de un primer artículo de bienvenida a lectores despistados e incautos que asomen sus ojillos por este blog. No quisiera crear grandes expectativas que luego se vinieran a bajo. Ya advierto que soy poco constante, algo lenta y bastante "peliculera". Se me ocurre que esto es un blog o cuaderno de bitácora como cualquier otro. Un espacio en el que coincidir con viejos y nuevos amigos. La excusa: la literatura, principalmente. Un saludo y gracias por iniciar esta singladura.